MADRID, España (Histª del Cristianismo / Protestante Digital) El 31 de octubre de 1517, víspera de la fiesta católica de Todos los Santos, Martín Lutero dio a conocer públicamente sus tesis, y el impacto fue tal que se señala esa fecha como el comienzo de la Reforma Protestante.
Para unos, Lutero es el ogro que destruyó la unidad de “la” iglesia, la bestia salvaje que holló la viña del Señor, un monje renegado que se dedicó a destruir las bases de la vida monástica. Para otros, es el gran héroe que hizo que una vez más se predicara el evangelio puro de Jesús y la Biblia, el reformador de una iglesia corrupta.
Él cambió el curso de la historia al desafiar con valentía el poder del papado y del imperio, sosteniendo puntos de vista contrarios a la práctica y ordenanzas de la religión establecida, el Catolicismo Romano, por considerarlas contrarias al contenido de la Biblia.
La principal doctrina evangélica que Lutero alzó contra el sistema ritualista de penitencias fue que la salvación es por gracia solamente, no por obras. La chispa que movió al monje vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus dificultades.
LARGA LUCHA
Esa respuesta no vino fácilmente. No fue sencillamente que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer capítulo de Romanos, y descubriera allí que “el justo por la fe vivirá”. Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue precedido por una larga lucha y una amarga angustia, pues Romanos 1:17 empieza diciendo que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Según este texto, el evangelio es revelación de la justicia de Dios.
Estuvo meditando de día y de noche para comprender la relación entre las dos partes del versículo que, tras afirmar que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”, concluye diciendo que "el justo por la fe vivirá".
La respuesta que encontró Lutero fue sorprendente. La “justicia de Dios” no se refiere en la carta a los Romanos, como piensa la teología tradicional, al hecho de que Dios castigue a los pecadores. Se refiere más bien a que la “justicia” del justo no es obra suya, sino que es don de Dios. La “justicia de Dios” es la que tiene quien vive por la fe, no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da este don. La “justificación por la fe” no quiere decir que la fe sea una obra más sutil que las obras buenas, y que Dios nos pague esa obra. Quiere decir más bien que tanto la fe como la justificación del pecador son obra de Dios, don gratuito.
En consecuencia, continúa comentando Lutero acerca de su descubrimiento, “sentí que había nacido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían sido franqueadas. Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a partir de entonces la frase 'la justicia de Dios' no me llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente dulce en virtud de un gran amor”.
PRUDENTE Y RESERVADO
Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su vida espiritual. Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva comprensión del evangelio, no lo llevó de inmediato a protestar contra el modo en que la Iglesia Católica entendía la fe cristiana. Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus labores docentes y pastorales y, si bien hay indicios de que enseñó su nueva teología, no pretendió contraponerla a la que enseñaba el Catolicismo.
Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso noventa y cinco tesis, que debían servir de base para un debate académico. En ellas, Lutero atacaba varios de los principios fundamentales de la teología escolástica, y por tanto esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate consiguiente, serían una oportunidad de darle a conocer su descubrimiento al resto de la Iglesia.
CONTRA EL LUCRO
La controversia fue mayor de lo que Lutero se proponía. Lo que había sucedido era que, al atacar la venta de las indulgencias de Juan Teztel en Alemania, Lutero se había atrevido, aún sin saberlo, a oponerse al lucro y los designios de varios personajes mucho más poderosos que él.
Según Lutero, si es verdad que el Papa tiene poder para sacar las almas del purgatorio, ha de utilizar ese poder, no por razones tan triviales como la necesidad de fondos para construir una iglesia, sino sencillamente por amor, y ha de hacerlo gratuitamente (Tesis 82). Pero aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie protestaba, y la venta continuaba.
LAS 95 TESIS
Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esas tesis, escritas en latín, no tenían el propósito de crear una conmoción religiosa. Lutero dio a conocer sus tesis la víspera de la fiesta de Todos los Santos, y su impacto fue tal que frecuentemente se señala esa fecha, el 31 de octubre de 1517, como el comienzo de la Reforma Protestante y la reafirmación de que la Palabra de Dios es el punto de partida y la autoridad final de la Iglesia y de toda teología.
La mayoría de historiadores conviene en que Lutero remitió sus tesis al Arzobispo de Maguncia, al Papa, a algunos amigos y a otras universidades en esa fecha. Con todo, las tesis fueron impresas muy pronto, y antes de 1518 habían sido extensamente leídas por toda Europa.
REACCIÓN Y CISMA
Su impacto sorprendió al propio Lutero. Las autoridades religiosas vacilaron, sin embargo, en condenar a Lutero. Este último continuará discutiendo con teólogos partidarios de las doctrinas de Roma, por ejemplo, con Johann Eck en la famosa disputa de Leipzig de 1519.
Las 95 tesis son finalmente condenadas definitivamente el 15 de junio de 1520 por la bula Exsurge Domine del papa León X. Lutero, entonces abiertamente en conflicto con la Iglesia Católica, es excomulgado a principios del año siguiente.
El Papa León X exigió que Lutero se retractara por lo menos de 41 de sus tesis, pero el monje alemán, ya famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públicamente en la Dieta de Worms de 1521 jugándose la vida. Era el paso definitivo para lo que luego sería la Reforma Protestante.
VIDEOS:
a) 31 de Octubre de 1517: Inicio de la Reforma Protestante:
Miles de evangélicos celebran el "Día de la Reforma Protestante" frente a la puerta de la Iglesia de Wittenberg en Alemania, donde Lutero clavó sus 95 tesis.
BERLÍN, España (Acontecer Cristiano) Este 31 de octubre se celebró el “día de luz”, recordando la reforma que el monje agustino Martin Lutero llevó a cabo el 31 de octubre de 1517 y generó el cisma que dividió a la Iglesia Católica.
Varios eventos conmemoraron la fecha, empezando con Wittenberg, la ciudad de Lutero, donde se celebró un evento especial con la participación de exponentes de la Iglesia Evangélica de Alemania (Evangelischen Kirche in Deutschland, EKD).
A pesar de la importancia histórica de este día, que es también certificada en el calendario de muchas regiones del norte alemán con un día feriado, la comunidad evangélica alemana denunció este año el riesgo de que caiga en el olvido.
“Sigue siendo nuestra tarea la de explicar de manera clara por qué celebramos el día de la Reforma”, dijo el presidente de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD), Nikolaus Schneider.
Mathias Benckert, representante de la Iglesia Evangélica del norte de Alemania, aseguró que “para nosotros el día de la Reforma no es una celebración olvidada. Lo celebramos aunque en algunos estados como Schleswig-Holstein no es feriado”.
Monumento del reformador Martín Lutero en Wittenberg (Sajonia-Anhalt), junto a un cartel que anuncia los 500 años del aniversario de la Reforma: 2017.
En particular, este día está quedando en la sombra por el enorme éxito comercial en Alemania de la fiesta estadunidense de Halloween, que se celebra mucho entre niños y adultos.
En ese día, Lutero clavó en las puertas de su iglesia una lista de 95 tesis (propuestas), que eran críticas a las prácticas de la Iglesia Católica, lo que originó la división del Cristianismo, entre católicos y evangélicos (protestantes).
Las tesis chocaban contra la jerarquía eclesiástica y en particular con algunas prácticas de la Iglesia Católica, como la de vender el perdón de los pecados en forma de documentos (indulgencias) o la negación del sacramento de la confesión.
La publicación de las tesis dividió a los fieles entre los seguidores de Lutero y los fieles al Vaticano. Ambas religiones conviven en la actualidad en equilibrio en este país, cada una con 24 millones de fieles en una población de 80 millones.
Los evangélicos alemanes miran hacia el año 2017, año en el que se celebrará el 500 aniversario de la Reforma Protestante, evento de trascendencia internacional que viene siendo preparado desde el 2008 y que será celebrado por los más de 500 millones de evangélicos o protestantes que existen en el mundo.
VIDEOS:
a) Documental: "Reforma Protestante".
b) Documental de History Channel: "Martín Lutero, Camino al Desafío".
Martín Lutero clavó las 95 tesis contra la venta de las indulgencias católicas en la puerta de la Iglesia de Wittenber, Alemania, el 31 de octubre de 1517.
Por: Mario Escobar Golderos*
Una de las figuras más vilipendiadas dentro y fuera del mundo cristiano ha sido la del reformador alemán Lutero. Para muchos se quedó corto en sus reformas y animó la persecución contra los judíos y los anabaptistas, para otros fue un monje sensual y carnal. ¿Cuál es la verdadera personalidad del reformador protestante?
Lutero es sin duda un personaje complejo. Su personalidad y educación, su carácter y temperamento, abren muchas luces y sombras en su vida y obra. Hijo de un “triunfador” que se había hecho así mismo, con una madre poco cariñosa y cercana, Lutero tuvo una personalidad fría y defensiva. Su profundo miedo a la muerte y la sensación de que nunca cumplía las expectativas de su padre, le hicieron un joven temeroso y taciturno. Estudió derecho por imposición paterna, pero un encuentro fortuito con la muerte le aproximó a la Iglesia y se hizo monje.
La Orden de los Agustinos, en la que ingresó Lutero, era sin duda la más conservadora de las órdenes religiosas católicas. Su fundador, San Agustín, había sido un apologeta y lector incansable de la Biblia. Allí recibió Lutero una educación teológica adecuada y se convirtió en profesor de Biblia en la Universidad de Wittenberg.
Wittenberg era una pequeña ciudad de Sajonia que poco o nada tenía que ver con los grandes centros culturales del resto de Alemania o Europa. El príncipe Federico era un hombre supersticioso y ambicioso, pero detrás de su fachada de altanero y orgullo, se escondía una persona profundamente sensible al mundo espiritual.
Cuando la venta de indulgencias llegó a Sajonia, Lutero ya había descubierto a través de la Biblia los principios básicos de su predicación. Se sentía en paz con Dios, tras haber descubierto que la salvación no se alcanzaba, que era un regalo divino. Ese regalo no era gratuito, Jesucristo había pagado con su vida para salvar al hombre, ocupando su lugar en la cruz. La venta de indulgencias enfurecieron a Lutero por dos razones: eran un engaño y eran un abuso.
Martín Lutero (1483-1546).
Desde el primer momento Lutero se convirtió en la voz de los sin rostro. De las miles y cientos de miles de personas que soportaban la explotación y abusos de la nobleza y de la Iglesia Católica, que lo único que querían de ellos era su fuerza de trabajo y su dinero.
¿Por qué hizo esto Lutero? Martín Lutero pertenecía a esa clase privilegiada. Su posición era acomodada y su educación profunda, pero no soportaba que la Iglesia fuera utilizada para enriquecer a unos pocos en detrimento del pueblo. Lutero quería que el Evangelio que le había salvado a él, llegara a toda Alemania y a todo el mundo.
Sus escritos sacudieron a la vieja Europa del siglo XVI. Destruyeron los principios medievales, machacaron los dogmas de una Iglesia alejada de las Escrituras. Un hombre contra un Imperio y la Iglesia más poderosa de la Tierra. Parecía una lucha desigual, pero cuando los hombres obedecen a Dios, como dijo John Knox: “un hombre de Dios siempre está en mayoría”.
¿Por qué debemos seguir levantándonos los protestantes hoy en día?
Debemos denunciar todo aquello que se dice en nombre de Dios y no está en las Escrituras: Paganismo ritualista, intermediarios entre Dios y los hombres, absoluciones plenarias, la necesidad de las obras, la riqueza de las iglesias, el odio al prójimo…
La labor debe hacerse hacia dentro y hacia fuera. Muchos preferirían el silencio a al murmullo de la multitud, la penumbra a la luz deslumbrante de Cristo. Lutero fue la voz de los sin rostro, seamos nosotros el eco de las palabras que en estos días retumban en las paredes de Wittenberg hacia el mundo: “El justo por la fe vivirá”.
* Mario Escobar Golderos es licenciado en Historia, diplomado en Estudios Avanzados por la Universidad Complutense de Madrid y director de la revista «Nueva Historia para el Debate». Licenciado en Historia y Diplomado en Estudios Avanzados en la especialidad de Historia Moderna, ha escrito numerosos artículos y libros sobre la Inquisición, la Reforma Protestante y las sectas religiosas. Es miembro de una iglesia de las Asambleas de Dios en Madrid, España.
VIDEOS:
a) 31 de Octubre de 1517: Inicio de la Reforma Protestante:
El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clava en la puerta de la Iglesia de
Wittenberg, Alemania, las 95 tesis contra la venta de indulgencias católicas.
MADRID, España (Historia del Cristianismo / Protestante Digital) El 31 de octubre de 1517, víspera de la fiesta católica de Todos los Santos, Martín Lutero dio a conocer públicamente sus tesis, y el impacto fue tal que se señala esa fecha como el comienzo de la Reforma Protestante.
Para unos, Lutero es el ogro que destruyó la unidad de “la” iglesia, la bestia salvaje que holló la viña del Señor, un monje renegado que se dedicó a destruir las bases de la vida monástica. Para otros, es el gran héroe que hizo que una vez más se predicara el evangelio puro de Jesús y la Biblia, el reformador de una iglesia corrupta.
Él cambió el curso de la historia al desafiar con valentía el poder del papado y del imperio, sosteniendo puntos de vista contrarios a la práctica y ordenanzas de la religión establecida, el Catolicismo Romano, por considerarlas contrarias al contenido de la Biblia.
La principal doctrina evangélica que Lutero alzó contra el sistema ritualista de penitencias fue que la salvación es por gracia solamente, no por obras. La chispa que movió al monje vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus dificultades.
LARGA LUCHA
Esa respuesta no vino fácilmente. No fue sencillamente que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer capítulo de Romanos, y descubriera allí que “el justo por la fe vivirá”. Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue precedido por una larga lucha y una amarga angustia, pues Romanos 1:17 empieza diciendo que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Según este texto, el evangelio es revelación de la justicia de Dios.
Estuvo meditando de día y de noche para comprender la relación entre las dos partes del versículo que, tras afirmar que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”, concluye diciendo que "el justo por la fe vivirá".
La respuesta que encontró Lutero fue sorprendente. La “justicia de Dios” no se refiere en la carta a los Romanos, como piensa la teología tradicional, al hecho de que Dios castigue a los pecadores. Se refiere más bien a que la “justicia” del justo no es obra suya, sino que es don de Dios. La “justicia de Dios” es la que tiene quien vive por la fe, no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da este don. La “justificación por la fe” no quiere decir que la fe sea una obra más sutil que las obras buenas, y que Dios nos pague esa obra. Quiere decir más bien que tanto la fe como la justificación del pecador son obra de Dios, don gratuito.
En consecuencia, continúa comentando Lutero acerca de su descubrimiento, “sentí que había nacido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían sido franqueadas. Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a partir de entonces la frase ‘la justicia de Dios‘ no me llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente dulce en virtud de un gran amor”.
PRUDENTE Y RESERVADO
Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su vida espiritual. Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva comprensión del Evangelio, no lo llevó de inmediato a protestar contra el modo en que la Iglesia Católica entendía la fe cristiana. Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus labores docentes y pastorales y, si bien hay indicios de que enseñó su nueva teología, no pretendió contraponerla a la que enseñaba el Catolicismo.
El 31 de octubre se conmemora en todo el mundo la Reforma Protestante, 495 años
después de clavar Lutero sus 95 tesis un 31 de octubre en Wittenberg (Alemania).
Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso noventa y cinco tesis, que debían servir de base para un debate académico. En ellas, Lutero atacaba varios de los principios fundamentales de la teología escolástica, y por tanto esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate consiguiente, serían una oportunidad de darle a conocer su descubrimiento al resto de la Iglesia Católica.
CONTRA EL LUCRO
La controversia fue mayor de lo que Lutero se proponía. Lo que había sucedido era que, al atacar la venta de las indulgencias de Juan Teztel en Alemania, Lutero se había atrevido, aún sin saberlo, a oponerse al lucro y los designios de varios personajes mucho más poderosos que él.
Según Lutero, si es verdad que el Papa tiene poder para sacar las almas del purgatorio, ha de utilizar ese poder, no por razones tan triviales como la necesidad de fondos para construir una iglesia, sino sencillamente por amor, y ha de hacerlo gratuitamente (Tesis 82). Pero aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie protestaba, y la venta continuaba.
LAS 95 TESIS
Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esas tesis, escritas en latín, no tenían el propósito de crear una conmoción religiosa. Lutero dio a conocer sus tesis la víspera de la fiesta de Todos los Santos, y su impacto fue tal que frecuentemente se señala esa fecha, el 31 de octubre de 1517, como el comienzo de la Reforma Protestante y la reafirmación de que la Palabra de Dios es el punto de partida y la autoridad final de la Iglesia y de toda teología.
La mayoría de historiadores conviene en que Lutero remitió sus tesis al Arzobispo de Maguncia, al Papa, a algunos amigos y a otras universidades en esa fecha. Con todo, las tesis fueron impresas muy pronto, y antes de 1518 habían sido extensamente leídas por toda Europa.
REACCIÓN Y CISMA
Su impacto sorprendió al propio Lutero. Las autoridades religiosas vacilaron, sin embargo, en condenar a Lutero. Este último continuará discutiendo con teólogos partidarios de las doctrinas de Roma, por ejemplo, con Johann Eck en la famosa disputa de Leipzig de 1519.
Las 95 tesis son finalmente condenadas definitivamente el 15 de junio de 1520 por la bula 'Exsurge Domine' del papa León X. Lutero, entonces abiertamente en conflicto con la Iglesia Católica, es excomulgado a principios del año siguiente.
El Papa León X exigió que Lutero se retractara por lo menos de 41 de sus tesis, pero el monje alemán, ya famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públicamente en la Dieta de Worms de 1521 jugándose la vida. Era el paso definitivo para lo que luego sería la Reforma Protestante.
VIDEOS:
a) 31 de Octubre de 1517: Inicio de la Reforma Protestante:
TEXAS, Estados Unidos (The Christian Post / Noticia Cristiana) El infierno no es exactamente un tema muy atractivo para hablar porque se trata de la tortura perpetua. Sin embargo, el pastor Howard Batson, se atrevió a hablar del fuego de la eternidad, en su intervención en la conferencia G5 durante la Convención General Bautista en Texas, según publica The Christian Post.
Según la Norma Bautista, los líderes religiosos no pueden descuidar la realidad del infierno, porque se trata de mantenerse fiel al Evangelio y a la evangelización, así que deben hablar del tema siempre.
Durante una larga discusión, Batson, les habló a los pastores de la Primera Iglesia Bautista en Amarillo, sobre la controversia del libro del pastor Rob Bell, fundador de Mars Hill Bible Church, en que Bell muestra a un Dios de amor que no puede condenar al infierno a su creación.
“El problema es cuando se enseñan y se predican doctrinas falsas, no importa lo noble que sean las intenciones o las elocuentes palabras”, dijo Batson. “Si nuestras enseñanzas no se basan en las palabras del Señor Jesucristo, la Escritura y la predicación de los apóstoles, no son más que una muy peligrosa teología”.
A pesar que Batson, se refiere a Bell como un “comunicador maestro” con una “pasión por llegar a la gente con las historia de Jesús”, “el pastor fundador de la iglesia Mars Hill, utiliza una hermenéutica para engañar a los lectores”, denunció el pastor Batson.
Kaufman Brent Gentzel, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Texas dijo que el deseo del ser humano ha sido “evitar hablar del juicio y el infierno y esto se se basa más en nuestros deseos de ser queridos”.
Batson Gentzel, declaró que debe hablar más del sufrimiento eterno. Tratar de ser más amable que Jesús, ser más sensible que el apóstol Pablo y no predicar “gracia barata”.
Las 5 Solas son 5 frases en latín que emergieron durante la Reforma Evangélica o Protestante y resumieron las creencias teológicas básicas de los reformadores en contraposición a las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana de aquellos días.
Las 5 Solas articulaban 5 creencias fundamentales de la Reforma Protestante, pilares que los reformadores creyeron esenciales para la vida cristiana y su practica.
Si bien estas 5 verdades fundamentales fueron la esencia constante en la lucha de los reformadores del siglo 16, también podemos rastrear algunos usos de estas “5 Solas” en ciertos escritos y Confesiones de aquella época.
Las 5 Solas de la Reforma Evangélica o Protestante son:
1.- SOLA SCRIPTURA - SÓLO LA ESCRITURA
La doctrina de que la Biblia es por sí sola la autoridad suprema, fue el “Principio Formal” de la Reforma. En 1521, en el histórico interrogatorio de la Dieta de Worms, Martin Lutero declaró su conciencia cautiva a la Palabra de Dios diciendo: “Al menos que se me convenza mediante testimonios de la Escritura, y claros argumentos de la razón (porque no le creo ni al Papa, ni a los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado y se contradicen entre si), por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la Palabra de Dios.”
Del mismo modo, la Confesión Belga (1561) estableció: “Creemos, que esta Santa Escritura contiene de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el hombre está obligado a creer para ser salvo se enseña suficientemente en ella… Tampoco está permitido igualar los escritos de ningún hombre (a pesar de lo santos que hayan sido) con las Divinas Escrituras, ni la costumbre con la verdad de Dios (pues la verdad está sobre todas las cosas), ni el gran número, antigüedad y sucesión de edades o de personas, ni los concilios, decretos o resoluciones; porque todos los hombres son de suyo mentirosos y más vanos que la misma vanidad. Por tanto, rechazamos de todo corazón todo lo que no concuerda con esta regla infalible…” (VII).
La Escritura solamente es la regla inerrante de la vida de la Iglesia, pero una buena parte de las congregaciones de hoy le han quitado a la Escritura su función de autoridad. En la práctica la Iglesia se guía con mucha frecuencia por la cultura. Las técnicas terapéuticas, las estrategias de mercadeos y el ritmo del mundo del entretenimiento y de los medios de comunicación tienen mucha más influencia sobre las necesidades, el funcionamiento y los objetivos de la Iglesia que la Palabra de Dios. Muchos pastores han descuidado su derecho y obligación de decidir y supervisar los servicios de adoración, que incluye el contenido doctrinal de la música. En la medida en que la autoridad bíblica ha sido abandonada en la práctica, las verdades bíblicas se desvanecen de la realidad cristiana y las doctrinas bíblicas han perdido importancia, la Iglesia poco a poco se ha despojado de su integridad, autoridad moral y dirección.
En lugar de adaptar la fe cristiana para satisfacer las necesidades que sienten los consumidores, debemos proclamar la Palabra de Dios como única medida de verdadera virtud y el evangelio como el único mensaje de verdad salvadora. La verdad bíblica es indispensable para el entendimiento, alimento y disciplina de la Iglesia.
La Escritura debe transferirnos de nuestras necesidades percibidas a nuestras necesidades reales, y debe liberarnos de nuestra miopía de vernos a nosotros mismos a través de las imágenes seductoras, clichés, promesas, y prioridades de la cultura de las masas. La única manera que podemos comprendernos correctamente a nosotros mismos y ver las provisiones de Dios para suplir nuestras necesidades es a la luz de la verdad de Dios. La Biblia, por consiguiente, debe ser enseñada y predicada en la Iglesia. Los sermones deben ser exposiciones de la Biblia y sus enseñanzas, y no expresiones de las ideas y opiniones de la época y culturas. No debemos ir más allá de la verdad que Dios nos ha dado.
El trabajo del Espíritu Santo en la experiencia personal no puede estar desconectado de las Escrituras. El Espíritu de Dios no habla en forma contraria o independiente de las Escrituras. Sin las Escrituras nunca hubiéramos conocido de la gracia de Dios en Cristo. La Palabra bíblica, no las experiencias espirituales, son la base de la verdad.
El “Principio Material” de la Reforma fue la justificación solamente por fe.
La Confesión de Fe Westminster establece, “La Fe, así recibida y reposada en Cristo y su justicia, es el único instrumento de justificación; aunque esta no esta actúa sola en la persona justificada, sino que está siempre acompañada de todas las demás gracias salvíficas; no siendo una Fe muerta, sino mas bien, una Fe que obra por el amor” (Cap. XI).
De la misma manera, la Confesión de Ginebra señaló la necesidad para aquellos justificados por fe diciendo: “Confesamos que la entrada que tenemos a los grandes tesoros y riquezas de la bondad de Dios que nos son aseguradas son por fe; como también, con confianza cierta y seguridad de corazón, creemos en las promesas del evangelio, y recibimos a Jesucristo como nos es ofrecido por el Padre y nos es descrito por medio de la Palabra de Dios” (Artículo 11).
La justificación es a través de la gracia solamente, por fe solamente debido a Cristo solamente. Este es el artículo por el cual la Iglesia se mantiene en pie o cae. Hoy en día este artículo es ignorado, distorsionado o a veces aún negado por líderes, profesores teológicos, académicos y pastores que se creen ser evangélicos. Aparte de que la caída naturaleza humana siempre se ha negado a reconocer la imputación de la santidad de Cristo, las ideas modernas avivan las llamas del descontento con el Evangelio bíblico. Nosotros hemos permitido que este descontento dirija la calidad de nuestro ministerio y lo que estamos predicando.
Muchos miembros del movimiento de crecimiento de iglesias creen que la comprensión sociológica de los miembros de la congregación es tan importante para el éxito del evangelio como las verdades bíblicas que se proclaman. Como resultado de esto, convicciones teológicas son frecuentemente separadas del trabajo del ministerio. La orientación y técnicas de mercadotecnia en la Iglesia nos alejan mucho más, borrando la distinción entre la Palabra bíblica y el mundo, robando la cruz de Cristo de su ofensa, y reduciendo la fe cristiana a los principios y métodos que traen éxito a las corporaciones seculares del mundo.
Mientras la teología de la cruz puede ser creída, estos movimientos en la realidad la despojan de su significado. No hay evangelio excepto el de la sustitución de Cristo por nuestro lugar de tal manera que Dios le imputó a Cristo nuestro pecado e imputó en nosotros la santidad de Cristo.
Debido a que Cristo recibió el juicio que nosotros merecíamos, por esto nosotros ahora caminamos en su gracia, como aquellos que han sido perdonados para siempre, aceptados y adoptados como hijos de Dios. No hay ninguna base para ser aceptados frente al Santísimo Dios, excepto el trabajo salvífico de Cristo.
Nuestra aceptación por Dios no depende de nuestro patriotismo, devoción eclesiástica o decencia moral. Solamente depende del trabajo de Cristo. El evangelio declara lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. El evangelio no declara lo que nosotros podamos hacer para encontrar a Cristo.
Reafirmamos que la justificación es por gracia solamente, a través de fe solamente por Cristo solamente. En la justificación la santidad de Cristo es imputada a nosotros como la única posible satisfacción a la justicia perfecta de Dios.
Negamos que la justificación depende de cualquier mérito encontrado en nosotros, o depende de cualquier infusión de la santidad de Cristo en nosotros, o que una institución se llame iglesia, cuando esta niega o condena esta sola fide.
Las 5 Solas de la Reforma Evangélica o Protestante son: Sola Escritura, Sola Fe, Sola Gracia, Sólo Cristo, Sólo a Dios la Gloria.
3.- SOLA GRATIA - SÓLO POR GRACIA
Un clamor central de la Reforma fue la “salvación por gracia”. Aunque la Iglesia Católica Romana enseña que la misa es un “sacrificio [que] es verdaderamente propiciatorio”, y que por medio de la misa “Dios…. nos otorga la gracia y el don de la penitencia, remite nuestras faltas e incluso nuestros enormes pecados”, los reformadores regresaron a la doctrina bíblica de la salvación por gracia mediante la fe.
Nuestra postura justificada ante Dios es imputada por la gracia a causa de la obra de Jesucristo, nuestro Señor. En contraste con las doctrinas de mérito personal impartido por Roma, sola gratia y las doctrinas de la gracia, (depravación total, elección incondicional, redención particular, llamamiento eficaz y la perseverancia de los santos) fueron predicadas por todos los reformadores protestantes en todo el movimiento protestante.
Como declara la Confesión Bautista de 1689, “Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la justicia de Dios en favor de ellos; sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para ellos, y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las de ellos, y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura gracia, a fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la justificación de los pecadores.”
Somos rescatados de la ira de Dios solamente por su gracia. El trabajo sobrenatural del Espíritu Santo es el que nos trae a Cristo a través de liberarnos de nuestra esclavitud del pecado y resucitarnos de la muerte espiritual a la vida espiritual.
Negamos que la salvación sea de alguna manera el resultado de alguna obra humana.
Métodos humanos, técnicas o estrategias, por sí mismas no pueden producir esta transformación.
De la misma manera la Fe no es producida por nuestra naturaleza humana no regenerada, sino un don de Dios y fruto de la gracia de Dios hacia sus escogidos.
La Confesión de Fe de Westminster (1647) dice al respecto: “A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y a ellos solamente, le agrada en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente por su Palabra y Espíritu, fuera del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza, a la gracia y salvación por Jesucristo; iluminando espiritual y salvadoramente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitándoles el corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando sus voluntades y por su potencia todopoderosa, induciéndoles hacia aquello que es bueno, y trayéndoles eficazmente a Jesucristo; de tal manera que ellos vienen con absoluta libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo. Este llamamiento eficaz es solamente de la libre y especial gracia de Dios y de ninguna otra cosa prevista en el hombre; el cual es en esto enteramente pasivo, hasta que siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo, es capacitado por medio de esto para responder a este llamamiento y para recibir la gracia ofrecida y trasmitida en él” (Cap. X).
La Reforma hizo un llamado a la Iglesia a regresar a la fe en Cristo como único mediador entre Dios y el hombre. Mientras la Iglesia Católica Romana mantuvo que “hay un purgatorio y las almas que son detenidas allí son ayudadas por las oraciones intercesoras de los feligreses”, “los santos deben ser invocados y venerados;”, y que, “sus reliquias deberán ser veneradas”, los reformadores enseñaron que la salvación es solamente a través de la obra de Cristo. Como escribió Juan Calvino en “Institución de la Religión Cristiana: “…intervino Cristo, e intercediendo por nosotros tomó sobre sus espaldas la pena y pagó todo lo que los pecadores habían de pagar por justo juicio de Dios; que expió con su sangre todos los pecados que eran causa de la enemistad entre Dios y los hombres; que con esta expiación se satisfizo al Padre y se aplacó su ira; Que él es el fundamento de la paz entre Dios y nosotros... que no podemos albergar sentimiento alguno de su benevolencia y amor paterno hacia nosotros, sino en Jesucristo” (“Libro Segundo. Capítulo XVI. Punto 2).
De la misma manera en el Catecismo de Heidelberg, Pregunta 30: “¿Creen pues también en el único Salvador Jesús, aquellos que buscan su salvación en los santos, o en sí mismos o en cualquiera otra parte? No, porque aunque de boca se gloríen de tenerle por Salvador, de hecho niegan al único Salvador Jesús: pues necesariamente resulta, o que Jesús no es perfecto Salvador o que aquellos que con verdadera fe le reciben por Salvador tienen que poseer en El todo lo necesario para su salvación.”
En la manera en que la fe evangélica ha sido secularizada, sus intereses han sido mezclado con los intereses de la cultura. El resultado es la pérdida de los valores absolutos, individualismo permisivo, y la sustitución de bienestar por santidad, recuperación por arrepentimiento, institución por verdad, sentimientos por creencia, destino por providencia, y gratificación inmediata por esperanza perdurable. Cristo y su cruz ha sido desplazado del centro de nuestra visión.
Reafirmamos que nuestra salvación es obtenida por el trabajo mediador de solamente el Cristo histórico. Su vida sin pecado y su pago imputacional (sustitucional) solamente son suficientes para nuestra justificación y reconciliación con el Padre.
Negamos que el evangelio es predicado si la obra sustituta de Cristo en la cruz no es claramente declarada y la fe en Cristo no es solicitada.
La Reforma recupero la enseñanza bíblica de la soberanía de Dios sobre todos los aspectos de la vida del creyente. Toda la vida deberá ser vivida para la gloria de Dios.
Como pregunta el Catecismo Menor de Westminster, “¿Cuál es el fin principal del hombre?” Y responde: “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre”.
Este gran y apasionado propósito fue enfatizado por aquellos en el Siglo 16 y 17 que buscaban reformar a la Iglesia de acuerdo a la Palabra de Dios. En contraste a la división monástica de vida de lo sagrado contra lo secular perpetuado por la Iglesia Católica Romana, los reformadores vieron que toda la vida debe ser vivida bajo el Señorío de Cristo. Cada actividad del cristiano ha de ser santificado para la gloria de Dios.
Cuando en la Iglesia la autoridad bíblica se ha perdido, Cristo se ha desplazado, el evangelio se ha distorsionado, o la fe se ha pervertido, siempre ha sido por una razón: nuestros intereses han desplazado los intereses de Dios y entonces hacemos su trabajo según nuestros intereses y como nos plazca. La pérdida de la centralidad de Dios en la vida de la Iglesia de hoy es un hecho común y lamentable. Esta pérdida es la que nos permite transformar adoración en entretenimiento, la predicación del evangelio en mercadeo, fe y creencia en técnicas, la gracia de Dios en libertinaje, y fidelidad en éxito o sentimientos de haber obtenido santidad. Como resultado de esto, Dios, Cristo y la Biblia comienzan a tener poco significado para nosotros y no tienen tanta influencia sobre nuestras vidas.
Dios no existe para satisfacer ambiciones humanas, deseos y apetitos de consumidores o nuestros intereses espirituales privados. Debemos enfocarnos en Dios en nuestra adoración, en lugar de buscar en la adoración la satisfacción de nuestras necesidades personales. Dios es soberano en adoración; nosotros no lo somos. Nuestra preocupación absoluta debe ser por el reino y la gloria de Dios, no por nuestros imperios, popularidad o éxito.
Reafirmamos que debido a que la salvación viene de Dios y ha sido obtenida por Dios, ésta es para la gloria de Dios y que debemos glorificarlo a El siempre. Debemos vivir nuestra vida completa en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios y solamente para su gloria.
Negamos que nosotros podemos propiamente glorificar a Dios si nuestra adoración es confundida con entretenimiento, si descuidamos el Evangelio en la predicación, o si auto-superación, auto-estima o satisfacción propia se han convertido en alternativas para el evangelio.
Las cinco solas constituyen la médula de la teología reformada. Fue el resultado de un largo y maravilloso proceso que Dios llevó a cabo en la historia a través de hombres europeos, en lo que conocemos como la "Reforma Protestante". Estos cinco sermones deben ser escuchados por todo cristiano que procura el crecimiento espiritual, que procura un sincero deseo de conocer más a Dios, servirle y hacer todo para Su gloria!!!
Para entender la historia de la Iglesia Evangélica y la Reforma Protestante, es importante comprender primeramente que uno de los reclamos que hace la Iglesia Católica Romana es la de la sucesión apostólica. Esto simplemente significa que ellos claman ser la única autoridad sobre todas las otras iglesias y denominaciones evangélicas, porque afirman contar con la única ascendencia de Papas católicos romanos a través de los siglos, en línea directa hasta el apóstol Pedro. En su perspectiva, esto le da a la Iglesia Católica Romana una autoridad única que invalida a todas las otras iglesias o denominaciones evangélicas. De acuerdo con la Enciclopedia Católica, esta sucesión apostólica “es encontrada únicamente en la Iglesia Católica” y ninguna “Iglesia separada tiene alguna reclamación válida ante ello.”
Es por esta sucesión apostólica que la Iglesia Católica Romana reclama una autoridad única para interpretar la Escritura y para establecer la doctrina; así como la afirmación de tener un líder supremo en el Papa, el cual es infalible (sin error) cuando habla “ex cátedra” – esto es en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos. Por lo tanto, de acuerdo con la postura católica romana; la enseñanza o tradiciones de la Iglesia Católica Romana, habiendo provenido del Papa, son tan infalibles y autoritativas como las mismas Escrituras. Esta es una de las mayores diferencias entre los católicos romanos y los evangélicos i protestantes, y fue una de las razones fundamentales para la Reforma Protestante.
Por supuesto los católicos romanos no son los únicos que tratan de reclamar una única autoridad a través de la sucesión apostólica, o de rastrear los antecedentes de las raíces de su iglesia hasta los apóstoles originales. Por ejemplo la Iglesia Oriental Ortodoxa también afirma esta sucesión apostólica, aunque su alegato es muy similar a la postura de los católicos romanos. La separación entre la Iglesia Oriental Ortodoxa y el Catolicismo Romano no ocurrió hasta el “Gran Cisma” en el 1054 d.C. Hay también algunas denominaciones evangélicas o grupos que tratarán de establecer una “Línea de Sangre” que pueda seguir la huella regresiva a través de los siglos, hasta la primera iglesia y los mismos apóstoles. Mientras que estos evangélicos o protestantes no se apegan a la sucesión apostólica para establecer la autoridad de un “Papa” como un líder infalible; ellos sin embargo aún buscan esa conexión con la Iglesia Primitiva, al menos en un grado mínimo, para establecer la autoridad de sus doctrinas y prácticas.
El problema con cualquiera de estos intentos de trazar una línea regresiva de sucesión hasta los apóstoles, ya sean católicos romanos, ortodoxos orientales, o evangélicos protestantes; es que todos ellos están en el intento de obtener o basar la autoridad de lo que ellos creen y enseñan, en la fuente equivocada de alguna real o percibida conexión con los apóstoles, en lugar de obtenerla de la Palabra de Dios. Es importante para los cristianos, el darse cuenta de que la sucesión apostólica no es necesaria para que una iglesia o denominación tenga autoridad. Dios ha dado y preservado la suprema autoridad para todos los asuntos de la fe y la práctica en Su Santa Palabra, la Biblia. Por lo tanto, en la actualidad, la autoridad individual de una iglesia o denominación, no viene a través de algún lazo con la iglesia del primer siglo y los apóstoles; en vez de eso, proviene solo y directamente de la Palabra escrita de Dios. Las enseñanzas de una iglesia o denominación son autoritativas y obligatorias para los cristianos solo si representan el significado verdadero y una clara enseñanza de la Escritura. Este es un punto importante a considerar, cuando se trata de entender la conexión entre el Protestantismo y la Iglesia Católica Romana, y la razón por la que se llevó a cabo la Reforma Evangélica o Protestante.
El Cristianismo se divide en 3 grandes ramas: La Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Evangélica o Protestante.
Para comprender la historia del Cristianismo y los reclamos de la sucesión apostólica, así como las afirmaciones de la Iglesia Católica Romana de ser la única verdadera Iglesia con autoridad única, es importante que consideremos un par de puntos cruciales. Primero, debemos considerar que aún en los días de los apóstoles y la Iglesia del primer siglo, los falsos maestros y las falsas enseñanzas eran un problema significativo. Sabemos esto por las advertencias contra las herejías y los falsos maestros que encontramos en todos los escritos posteriores del Nuevo Testamento. Jesús Mismo, advirtió que esos falsos maestros serían como “lobos vestidos de ovejas” (Mateo 7:15), y que habría ambos “trigo y cizaña”, que coexistirían juntos hasta el día del juicio, cuando Él separaría a los salvos de los perdidos; los verdaderos creyentes “nacidos de nuevo”, de aquellos que no le recibieron verdaderamente a Él (Mateo 13:24-30). Esto es importante para entender la historia de la Iglesia, porque casi desde sus inicios, los falsos maestros y falsas enseñanzas han estado invadiendo la Iglesia y guiando a la gente por el camino equivocado. A pesar de esto, siempre han habido verdaderos creyentes “nacidos de nuevo” a lo largo de todas las eras, aún en el período más oscuro del oscurantismo; que se ajustaron a la doctrina bíblica de la salvación únicamente por gracia, a través de la fe en Jesucristo solamente.
La segunda cosa que debemos considerar para comprender correctamente la historia, es que la palabra “católico” simplemente significa “universal”. Esto es importante, porque en los escritos del Cristianismo primitivo del primero y segundo siglos, cuando el término “católico” es usado, es en referencia a la “iglesia universal” o al “cuerpo de Cristo” que está formado por los creyentes “nacidos de nuevo”, de cada tribu, lengua y nación (Apocalipsis 5:9; 7:9). Sin embargo, como muchas palabras a través del tiempo, la palabra “católico” comenzó a tomar un nuevo significado, o a ser usada en un nuevo sentido. A través del tiempo, el concepto de una iglesia “universal” o “católica” comenzó a involucrar el concepto de que todas las iglesias se unieran para formar una, no solo espiritualmente, sino también visiblemente, extendiéndose a través del mundo. Este malentendido de la naturaleza visible de la Iglesia (que siempre ha contenido ambos “trigo y cizaña”) y la Iglesia invisible, (el cuerpo de Cristo, el cual está formado solamente por creyentes nacidos de nuevo) llevaría al concepto de una visible Santa Iglesia Católica, fuera de la cual no hay salvación. Es sobre este malentendido de la naturaleza de la iglesia universal, que la Iglesia Católica Romana se desarrolló.
Antes de la conversión de Constantino al Cristianismo en 315 d.C. los cristianos eran perseguidos por el gobierno romano. Con su conversión al Cristianismo, éste se convirtió en la religión permitida en el Imperio Romano (y más tarde se volvió la religión oficial), y de esta manera la Iglesia “visible” llegó a unirse con el poder del gobierno romano. Este matrimonio de la iglesia y el estado llevó a la formación de la Iglesia Católica Romana, y a través del tiempo ocasionó que la Iglesia Católica refinara su doctrina y desarrollara su estructura de la manera que mejor sirviera a los propósitos del gobierno romano. Durante esa época, el oponerse a la Iglesia Católica Romana, era lo mismo que oponerse al gobierno romano, y ello acarreaba severos castigos. Por lo tanto, el no estar de acuerdo con alguna doctrina de la Iglesia Católica Romana era un cargo serio, que con frecuencia resultaba en la excomunión y algunas veces aún en la muerte.
Y sin embargo, a través de ésta época en la historia, hubieron verdaderos cristianos “nacidos de nuevo” quienes se levantaron y opusieron a la secularización de la Iglesia Católica Romana y a la perversión de la fe que le siguió. A través de esta combinación de Iglesia y Estado, con el correr del tiempo, la Iglesia Católica Romana, efectivamente silenció a aquellos que se oponían a cualquiera de sus doctrinas o prácticas, y realmente casi se convirtió en una iglesia universal a través del Imperio Romano. Aunque siempre hubo “focos” de resistencia ante algunas prácticas y enseñanzas anti-bíblicas de la Iglesia Católica Romana, éstos sin embargo, eran relativamente pequeños y aislados. Antes de la Reforma Protestante, en el siglo dieciséis; hombres tales como John Wycliffe en Inglaterra, John Huss en Checoslovaquia, y John Wessel en Alemania, habrían dado sus vidas por su oposición a algunas enseñanzas anti-bíblicas de la Iglesia Católica Romana.
Infografía de la Reforma Protestante en Europa del Siglo XVI.
La oposición de la Iglesia Católica Romana y sus falsas enseñanzas llegaron a su climax en el siglo dieciséis, cuando un monje católico romano llamado Martín Lutero clavó sus 95 propuestas (o tesis) contra las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana en la puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg, Alemania. La intención de Lutero era traer la reforma a la Iglesia Católica Romana, y al hacerlo estaba desafiando la autoridad del Papa. Con la negativa de la Iglesia Católica Romana de responder al llamado de Lutero a reformarse y regresar a las doctrinas y prácticas bíblicas, la Reforma Protestante comenzó, de la cual surgirían cuatro divisiones o tradiciones principales: La Luterana, la Reformada, la Anabaptista y la Anglicana. Durante este tiempo Dios levantó a hombres piadosos en diferentes países a fin de restaurar y volver nuevamente a las iglesias a través del mundo, a sus raíces, prácticas, y doctrinas bíblicas.
Subyacentes a la Reforma Evangélica o Protestante hay cuatro preguntas o doctrinas básicas en que estos reformadores creían que la Iglesia Católica Romana estaba en un error. Estas cuatro preguntas o doctrinas son: ¿Cómo es salvada una persona? ¿Dónde reside la autoridad religiosa? ¿Qué es la Iglesia? y ¿Cuál es la esencia de la vida cristiana? Al responder estas preguntas los reformadores protestantes tales como Martín Lutero, Ulrich Swingli, Juan Calvino, y John Knox establecieron lo que sería conocido como las “Cinco Solas” (sola, es tomada de palabra del latín –solamente-) de la Reforma. Estos cinco puntos de doctrina fueron el corazón de la Reforma Protestante y fue por estas cinco doctrinas bíblicas esenciales que los reformadores protestantes tomarían su posición contra la Iglesia Católica Romana, resistiendo las demandas puestas sobre ellos aún al punto de morir; de retractarse de sus enseñanzas. Estas cinco doctrinas esenciales de la Reforma Protestante son:
1.- “Sola Scriptura”, o Solamente la Escritura: Esto afirma la doctrina bíblica, de que solo la Biblia es la única autoridad para todos los asuntos de la fe y la práctica. La Escritura y solamente la Escritura es la norma por la cual todas las enseñanzas y doctrinas de la Iglesia deben ser medidas. Como Martín Lutero declaró tan elocuentemente cuando se le pidió retractarse de sus enseñanzas: Que se me convenza mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón —porque no le creo ni al Papa ni a los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado, contradiciéndose a sí mismos— por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la Palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable". "¡No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura. Que Dios me ayude! Amen."
2.- “Sola Fide”, Salvación Solamente por Fe: Esto afirma la doctrina bíblica de que la justificación es por gracia solamente a través de la sola fe en Jesucristo únicamente. Es por la fe en Jesucristo que Su justicia nos es imputada, como la única satisfacción posible a la perfecta justicia de Dios.
3.- “Sola Gratia”, Salvación Solamente por Gracia: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación es únicamente por la gracia de Dios y que somos rescatados de Su ira por Su gracia solamente. La gracia de Dios en Cristo no es solamente necesaria, sino que es la única causa eficiente de la salvación. Esta gracia es el trabajo sobrenatural del Espíritu Santo que nos trae a Cristo, al librarnos de nuestra esclavitud del pecado y levantarnos de la muerte espiritual a la vida espiritual.
4.- “Solus Christus”, en Cristo Solamente: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación se encuentra solamente en Cristo y que únicamente Su vida sin pecado y Su expiación sustitutiva, son suficientes para nuestra justificación y reconciliación con Dios el Padre. El evangelio no ha sido predicado si la obra sustitutiva de Cristo no es declarada, y la fe en Cristo y Su obra no es solicitada.
5.- “Soli Deo Gloria”, Solo a Dios la Gloria: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación es de Dios, y que ha sido realizada solamente por Dios para Su gloria. Afirma que como cristianos debemos glorificarle siempre, y debemos vivir todas nuestras vidas ante la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, y para Su gloria solamente.
Estas cinco importantes y fundamentales doctrinas son la razón para la Reforma Evangélica o Protestante. Ellas son el corazón de donde la Iglesia Católica Romana se equivocó en su doctrina, y el por qué la Reforma Protestante fue necesaria, para regresar a las iglesias a través de todo el mundo a la correcta doctrina y enseñanza bíblica. Ellas son tan importantes en la actualidad para evaluar una iglesia y sus enseñanzas, como lo fueron entonces. De muchas maneras, muchos evangélicos o protestantes necesitan ser retados a regresar a estas doctrinas fundamentales de la fe, al igual que los reformadores retaron a la Iglesia Católica Romana a hacerlo en el siglo dieciséis.